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El del primer indie en Yecla

Artículo «El del primer indie en Yecla» publicado en el diario digital El Periódico de Yecla.

A principios de los años noventa la escena musical alternativa en nuestra ciudad empezaba a dejarse ver con la apertura del bar de copas ‘Latino’. Y digo ver porque la música no solo se escucha, la música se vive y se siente, y alrededor de la misma se crean amistades y grupos sociales que comparten los mismos gustos e inquietudes musicales y culturales. La música no es solo música.

Latino abrió sus puertas en 1991 en una casa de la calle Corredera y fue todo un referente para los amantes de la música no comercial o menos convencional, si bien anteriormente en un local de ocio nocturno de la calle Don Lucio llamado ‘Tris Tras’ ya se coqueteaba con bases rítmicas y un estilo más alternativo. Allí comenzó su romance con los platos Pina, uno de los pinchadiscos locales de mayor bagaje y cultura musical actualmente. En ‘El Punto’ —bar de copas de la calle San José, hoy conocido como ‘El Zona’— también se cuidaba la música, pero esta era más mainstream. A la pregunta «¿cuántos pijos caben en El Punto?» se contestaba «501». Por lo de los pantalones de la marca Levi’s y tal. Chistaco de la época.

El Latino —así le nombraba popularmente— trajo la explosión de lo alternativo a Yecla. Fundado y dirigido por Alfonso Hernández, actual dueño de ‘Balmoral’, fue el escenario de un importante cambio musical en nuestra ciudad. Por la transcendencia que tuvo en la sociedad vino a ser un poco como la «movida madrileña» de los 80’s, pero en la Yecla de los 90’s. Alfonso ha sido, sin duda, el primer indie de Yecla y somos una importante legión de musiqueros los que le agradecemos los sonidos y las influencias musicales que llegaron a nuestras vidas a través del Latino. Junto con la sala Camelot de Santa Pola, el Latino se convirtió en un obligado punto de peregrinación de la zona del Levante para los seguidores de la música independiente. Lleno hasta la bandera de jueves a domingos. Y así todas las semanas durante los dos años que estuvo abierto. El éxito: apostar por la música por encima de las modas. Al Latino llegaban los discos directamente desde Londres y Mánchester en maletas llenas de singles, maxi singles y elepés con lo último que sonaba y rompía las pistas en el Reino Unido. Cuentan que hubo un mes que se llegaron a pagar hasta 800.000 pesetas por la compra de discos para el bar. Casi 5.000 euros de hoy. Casi 500 suscripciones mensuales a Spotify. Además de las memorables sesiones de aquellas noches, con Tomás como residente y el propio Alfonso, las tardes de los domingos se las gastaban con la música en directo. Conciertos de bandas yeclanas emergentes —desconocidas por aquel entonces y más conocidas después— como Me Enveneno de Azules o Parade, entre otros.

Un bar diferente que nos dejó unas vivencias irrepetibles y un legado musical eterno. La leyenda Latino 91/93 y un reconocible e icónico diseño vestían las carátulas fotocopiadas de unas cintas de cassette que —a modo de despedida— fueron repartidas entre los parroquianos el fin de semana que el Latino cerró para siempre. Y de la misma manera, para siempre, el Latino permanecerá en nuestra memoria y en nuestros corazones.